Aletheia
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El Capital, vol. I

1867-09-14
https://www.marxists.org/archive/marx/works/1867-c1/

Karl Marx. Análisis crítico del modo de producción capitalista: teoría de la plusvalía como apropiación del trabajo no pagado, fetichismo de la mercancía, acumulación originaria y tendencia a la crisis estructural.

Carlos M.

Linaje intelectual

Fue influenciado por

La teoría de la plusvalía de El Capital es la formalización económica de la alienación que los Manuscritos describen filosóficamente. Marx nunca publicó los Manuscritos porque El Capital los superaba en rigor, pero el proyecto es el mismo.

Marx declara en el epílogo a la segunda edición de El Capital que adoptó la dialéctica de Hegel «poniéndola sobre sus pies»: el método dialéctico —tesis, antítesis, síntesis— estructura el análisis de la mercancía, el valor y las contradicciones del capital.

Influyó en

Luxemburg defiende el programa revolucionario de El Capital contra la revisión de Bernstein: es la teoría de las crisis y la acumulación de Marx —no el programa de Bernstein— la que describe correctamente la dinámica del capitalismo.

Gramsci trabaja desde el materialismo histórico de El Capital pero lo extiende hacia una teoría de la superestructura ideológica mucho más elaborada: si Marx analizó la base económica, Gramsci analiza la superestructura hegemónica que la reproduce.

Lenin parte del análisis marxista del Estado como instrumento de dominación de clase en El Capital para argumentar que ninguna reforma puede hacer del Estado burgués un instrumento del proletariado: hay que destruirlo.

Polanyi toma de Marx la idea de que el capitalismo moderno mercantiliza el trabajo, pero rechaza el determinismo histórico: para Polanyi la mercantilización no es inevitable sino políticamente construida, y el «doble movimiento» de respuesta social tampoco conduce necesariamente al socialismo.

Fanon aplica el análisis marxista de la explotación al contexto colonial: el colonizado es el proletariado extremo, privado no solo de plusvalía sino de humanidad. Pero corrige a Marx: en la situación colonial la clase no lo explica todo; la raza y la violencia ontológica son categorías que el marxismo europeo no tiene para analizar.

Habermas pertenece a la tradición de la Escuela de Frankfurt, heredera del marxismo occidental. Su teoría de la esfera pública como espacio de deliberación racional seculariza el potencial emancipatorio que Marx depositaba en el proletariado: la transformación social se produce a través de la argumentación pública, no de la lucha de clases.

Harvey aplica la caja de herramientas marxista de El Capital al capitalismo contemporáneo: la acumulación por desposesión que Harvey describe para el neoliberalismo es la versión actual de la acumulación primitiva del capítulo 24 de El Capital. Las privatizaciones son la nueva cercadura de los bienes comunes; la financiarización es la nueva forma de extracción de plusvalía.

Weber está en diálogo constante con Marx en Economía y Sociedad: acepta que el capitalismo es la forma dominante de economía moderna pero rechaza el determinismo económico. Para Weber, la burocracia y la racionalización son fenómenos irreductibles a la base económica; el socialismo no los eliminaría sino que los intensificaría, produciendo una jaula de hierro más completa que el capitalismo.

Horkheimer y Adorno parten del análisis marxista de la mercancía —la reducción de toda cualidad a cantidad de valor de cambio— como la forma paradigmática de la razón instrumental. El fetichismo de la mercancía de Marx es para ellos el modelo de la cosificación generalizada que la razón ilustrada produce en todos los ámbitos: el arte, la moral, la política, el conocimiento.

Engels aplica a la prehistoria el método del materialismo histórico que Marx desarrolló para el capitalismo: así como El Capital muestra que el capital tiene origen histórico en la acumulación originaria, El origen de la familia muestra que la propiedad privada y el Estado tienen origen histórico en la revolución del neolítico. El programa es el mismo: lo que tiene origen histórico tiene también fin histórico; la propiedad privada no es natural ni eterna.

Recibe respuesta de

Kropotkin comparte el diagnóstico marxista del capitalismo pero rechaza el Estado obrero como fase de transición; propone la autogestión federal inmediata frente a la dictadura del proletariado.

Bernstein refuta las predicciones del Capital: los datos empíricos de 1899 muestran que el capitalismo no agudiza sus contradicciones sino que se estabiliza; el reformismo gradual sustituye a la revolución inevitable.

Mises toma el programa de planificación socialista que El Capital fundamenta y demuestra su imposibilidad técnica: sin propiedad privada de los medios de producción no hay precios de mercado y sin precios no hay cálculo racional.

El programa de planificación socialista que Hayek combate tiene en El Capital su formulación teórica canónica; la crítica hayekiana al socialismo es una refutación del modelo económico marxista tanto como del fabiano.

Weber formula su tesis expresamente contra el materialismo histórico de Marx: la ética protestante demuestra que la superestructura cultural —una ética religiosa— puede generar la base económica capitalista, invirtiendo la causalidad marxista. El capitalismo no fue la causa de la Reforma, sino al revés.

Popper ataca el historicismo marxista: El Capital predice el colapso inevitable del capitalismo mediante leyes históricas «científicas», pero esas predicciones son infalsables y por tanto pseudocientíficas; el marxismo es una profecía, no una teoría.

Arendt analiza el marxismo como uno de los elementos que prepararon el terreno al totalitarismo: la reducción de la política a la economía, la visión del Estado como instrumento transitorio y la promesa de una historia que culmina en el paraíso terrestre son ingredientes del pensamiento totalitario aunque Marx no lo pretendiera.

Durkheim aborda la misma pregunta que El Capital —¿qué cohesiona o disgrega la sociedad industrial?— pero rechaza la respuesta marxista: el problema social no es la lucha de clases sino la anomia, la pérdida de regulación moral; la solución no es la revolución sino la construcción de nuevas instituciones de solidaridad profesional.

El título es un homenaje y un debate con Marx: Piketty comparte el diagnóstico de que el capitalismo genera concentración de riqueza, pero rechaza la solución marxista y el método hegeliano-histórico. Su enfoque es empírico, no dialéctico; su conclusión es reformista, no revolucionaria. Piketty argumenta que el Estado fiscal democrático puede corregir la tendencia r > g sin abolir el mercado ni la propiedad privada.

La crítica de Arendt a Marx es central en La Condición Humana: Marx elevó la labor —la actividad más animal, atada a la necesidad biológica— a la dignidad de la actividad humana definitoria, invisibilizando con ello la acción política genuina. El «metabolismo con la naturaleza» marxista no puede fundar una teoría de la libertad porque la libertad requiere la esfera pública, que Marx pretende disolver en la sociedad sin clases.

El Capital es el texto central del vol. II: Escohotado lo analiza como la mayor elaboración del anticomercialismo filosófico, equipada con aparato científico pero fundada en la misma premisa moral que Moro y Saint-Simon. La crítica de Escohotado, en línea con Mises, es que la teoría del valor-trabajo es errónea y que el análisis de la plusvalía se construye sobre una base falsa.

Cita a

Marx dedica partes sustanciales del vol. I a criticar y desarrollar la teoría del valor de Smith.

Marx hereda de Ricardo el carácter objetivista del valor: el valor se determina por el trabajo socialmente necesario para producir una mercancía, con independencia de las preferencias subjetivas del comprador. Marx refina esta herencia introduciendo el «trabajo abstracto» para resolver el problema que Ricardo dejó abierto (la medida invariable del valor con distintas composiciones orgánicas del capital), y añade la plusvalía como apropiación del tiempo de trabajo no remunerado. La Escuela Austriaca atacará precisamente este objetivismo compartido por Ricardo y Marx: para Mises y Böhm-Bawerk el valor es subjetivo y marginal, nunca una propiedad objetiva de los bienes.