Aletheia
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Tras la Virtud

1981

Alasdair MacIntyre. La crítica más influyente del liberalismo moral moderno: el proyecto ilustrado de fundar la ética en la razón universal fracasó, y su fracaso explica el carácter interminable de los debates morales contemporáneos —cada parte tiene razones válidas desde sus premisas, pero no hay criterio racional compartido para resolver los conflictos entre premisas. El diagnóstico: tras la Ilustración, hemos conservado los fragmentos del vocabulario moral aristotélico (virtud, deber, bien) pero los hemos arrancado del contexto —las prácticas, las tradiciones, la teleología— que les daba sentido. La única salida es el retorno a Aristóteles: las virtudes como disposiciones que permiten alcanzar los bienes internos a las prácticas; la vida humana como narrativa unificada con un telos. MacIntyre no es un conservador nostálgico: su propuesta es que las comunidades locales sean los nuevos «monasterios» donde se preservan las tradiciones intelectuales y morales mientras la cultura circundante —liberal, emotivista— se desintegra.

Alasdair MacIntyre

Linaje intelectual

Fue influenciado por

MacIntyre propone explícitamente rehabilitar la ética aristotélica contra la moral ilustrada: las virtudes, las prácticas y el telos de la Ética a Nicómaco proporcionan la estructura narrativa de la vida humana que el liberalismo emotivista ha destruido.

Influyó en

Sandel comparte con MacIntyre el diagnóstico central: el liberalismo presupone una concepción del yo previa a sus vínculos que es filosófica y psicológicamente indefendible. Pero donde MacIntyre concluye en el retorno a Aristóteles y la comunidad local, Sandel apunta a una política del bien común republicana dentro de las instituciones democráticas existentes.

Scruton y MacIntyre comparten el diagnóstico sobre el vaciamiento del lenguaje moral moderno y la necesidad de recuperar las tradiciones como fuente de sentido. Pero donde MacIntyre busca la salida en el tomismo aristotélico, Scruton la encuentra en el conservadurismo nacional y en las instituciones anglosajonas: la Corona, el common law, la Iglesia establecida como marcos de reconocimiento y pertenencia.

Responde a

MacIntyre trata la Teoría de la Justicia como la expresión más sofisticada del fracaso ilustrado: el «yo no gravado» de Rawls es exactamente el sujeto moral desarraigado cuya incoherencia diagnostica Tras la Virtud. La justicia rawlsiana presupone un yo que no existe fuera de sus prácticas y tradiciones constitutivas.

MacIntyre dedica dos capítulos a demostrar el fracaso del proyecto kantiano: el imperativo categórico no puede derivar obligaciones morales concretas sin introducir subrepticiamente una concepción del bien que Kant pretende excluir. La formalidad del imperativo es vacía; para aplicarlo hay que presuponer lo que debería demostrar.

MacIntyre dedica varios capítulos a mostrar la incoherencia del utilitarismo: el intento de Mill de incluir consideraciones de justicia y calidad dentro del cálculo utilitario revela que el principio de utilidad no es autosuficiente y requiere recursos morales ajenos al consecuencialismo.