Aletheia
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Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres

1785
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Immanuel Kant. La obra más breve y más influyente de la ética moderna: la fundamentación de la moralidad en la razón pura práctica, con independencia de toda experiencia o consecuencia. El imperativo categórico en sus tres formulaciones principales: obra siempre según aquella máxima que puedas querer que se convierta en ley universal; trata a la humanidad —en ti y en cualquier otro— siempre como fin y nunca solo como medio; actúa como legislador en un reino de fines. La autonomía de la voluntad —darse la ley a sí mismo por razón— como la única fuente genuina de valor moral: actuar por deber, no por inclinación ni por consecuencias. Rawls construirá el «velo de ignorancia» como dispositivo para replicar en condiciones procedimentales la imparcialidad del imperativo categórico; MacIntyre atacará este proyecto como otra instancia del fracaso ilustrado de fundar la ética sin una concepción sustantiva del bien humano.

Immanuel Kant

Linaje intelectual

Fue influenciado por

Kant declaró que Rousseau le «puso en orden»: la autonomía moral de la Fundamentación —darse la ley a sí mismo por razón— es la interiorización filosófica de la autonomía política rousseauniana. El legislador universal del imperativo categórico reitera al ciudadano del contrato social, pero en el plano de la razón pura.

Influyó en

La Paz Perpetua aplica a la política internacional los principios de la Fundamentación: la constitución republicana, la hospitalidad universal y la federación de repúblicas son formas institucionales del imperativo categórico —tratar a los pueblos como fines, nunca como medios de la política de poder.

Rawls reconoce explícitamente la deuda con Kant: el «velo de ignorancia» es un procedimiento para replicar la imparcialidad del imperativo categórico. Los principios de justicia son los que agentes racionales elegirían abstrayendo sus contingencias particulares, tal como la moral kantiana exige abstraer las inclinaciones empíricas.

Habermas funda su ética del discurso en el kantismo procedimental: los principios morales válidos son los que todos los afectados podrían aceptar en condiciones de argumentación ideal. El imperativo categórico monológico de Kant se transforma en imperativo dialógico: la imparcialidad no se alcanza individualmente sino en el proceso real de deliberación.

Responde a

Kant declaró que fue Hume quien lo despertó de su «sueño dogmático». La Fundamentación responde al escepticismo moral humeano —la razón no puede fundar la moral, solo los sentimientos— argumentando que sí existe una razón práctica pura capaz de legislar con independencia de la experiencia.

Recibe respuesta de

MacIntyre dedica dos capítulos a demostrar el fracaso del proyecto kantiano: el imperativo categórico no puede derivar obligaciones morales concretas sin introducir subrepticiamente una concepción del bien que Kant pretende excluir. La formalidad del imperativo es vacía; para aplicarlo hay que presuponer lo que debería demostrar.

Mill intenta reconciliar utilitarismo y deontología kantiana: la justicia milliana —parte del bien especialmente protegida— aproxima el consecuencialismo a la obligación categórica. Mill reconoce que la ética kantiana captura algo real (la imparcialidad, el respeto a las personas) que el utilitarismo benthamiano pasa por alto.

Nietzsche ataca la moral kantiana como la versión filosófica de la moral de esclavos: el imperativo categórico universaliza los valores de la mediocridad y prohíbe la excepción, la distinción, la jerarquía. Kant convierte el resentimiento de lo uniforme en ley del cosmos.