Roger Scruton. La exposición sistemática más accesible del conservadurismo filosófico contemporáneo: el conservador no se opone al cambio sino al cambio destructivo de los vínculos y las instituciones que hacen posible la vida en común. Scruton construye el conservadurismo por agregación: lo que vale la pena conservar —el Estado-nación, la familia, el orden jurídico heredado, la cultura local, la propiedad privada— no es un programa ideológico sino el depósito de soluciones acumuladas a problemas perennes de coordinación social. Frente al socialismo (que confía en la razón planificadora) y al libertarismo (que confía en el individuo soberano), el conservador confía en la sabiduría contenida en las instituciones y tradiciones que nadie diseñó deliberadamente. Scruton incorpora y sintetiza a Burke, Oakeshott, Hayek y Wittgenstein para articular una posición que es al mismo tiempo filosóficamente sofisticada y políticamente aterrizada.
Roger Scruton
Red de obras
Fue influenciado por
Burke es la referencia fundacional del conservadurismo de Scruton: la crítica burkiana a la Revolución Francesa —que destruyó el orden heredado por lealtad a principios abstractos— es el modelo del argumento de Scruton contra todas las formas de ingeniería social, tanto de izquierda como de derecha. Scruton actualiza a Burke para responder a los desafíos del siglo XXI.
Scruton y MacIntyre comparten el diagnóstico sobre el vaciamiento del lenguaje moral moderno y la necesidad de recuperar las tradiciones como fuente de sentido. Pero donde MacIntyre busca la salida en el tomismo aristotélico, Scruton la encuentra en el conservadurismo nacional y en las instituciones anglosajonas: la Corona, el common law, la Iglesia establecida como marcos de reconocimiento y pertenencia.
Scruton comparte con Huntington la visión de las civilizaciones como entidades culturales irreductibles y la convicción de que Occidente debe reconocer y defender sus valores propios en lugar de pretender que son universales. El comunitarismo civilizacional de Huntington y el conservadurismo cultural de Scruton convergen en la crítica del universalismo liberal.
Responde a
Scruton critica la filosofía política de Rawls como el paradigma del pensamiento liberal desencarnado: el «velo de ignorancia» elimina todo lo que hace que los seres humanos sean quienes son —su historia, su cultura, sus compromisos— y produce principios que nadie habría elegido desde dentro de una comunidad real. La justicia rawlsiana es justa para nadie en particular.