Corriente política fundada teóricamente por Edmund Burke en respuesta a la Revolución Francesa: la sociedad es un contrato entre los muertos, los vivos y los aún no nacidos; las instituciones heredadas condensan sabiduría práctica acumulada que ningún razonamiento abstracto puede reproducir. El cambio legítimo es gradual, prudente y respetuoso con la continuidad; los derechos son históricos y concretos, no universales y abstractos.
Atributos
Edmund Burke. Fundación teórica del conservadurismo moderno: la Revolución Francesa es una catástrofe producida por aplicar abstracciones racionales al tejido vivo de la sociedad. La sociedad es un contrato entre los muertos, los vivos y los que aún no han nacido; las instituciones heredadas condensan sabiduría práctica que ningún proyecto racional puede reproducir. Los derechos no son universales y abstractos sino históricos y concretos. Burke prefigura la crítica al constructivismo racionalista que Hayek retomará en el siglo XX.
Samuel P. Huntington. Respuesta directa a la tesis de Fukuyama: el fin de la Guerra Fría no inaugura una convergencia liberal global sino que descubre las fracturas civilizacionales que el conflicto ideológico había enmascarado. Huntington identifica siete u ocho civilizaciones —occidental, islámica, china, japonesa, hindú, ortodoxa, latinoamericana, africana— cuyas diferencias en religión, historia y valores son más profundas y duraderas que las diferencias ideológicas. Los conflictos futuros serán a lo largo de las líneas de fractura entre civilizaciones, no entre naciones-Estado ni entre ideologías. La implicación política para Occidente: reconocer su singularidad, reforzar su cohesión interna y abandonar el universalismo misionero que intenta exportar la democracia liberal. El libro más debatido de la ciencia política de los noventa; su relevancia empírica fue reivindicada por los atentados del 11-S y las guerras de Iraq y Afganistán.
Roger Scruton. La exposición sistemática más accesible del conservadurismo filosófico contemporáneo: el conservador no se opone al cambio sino al cambio destructivo de los vínculos y las instituciones que hacen posible la vida en común. Scruton construye el conservadurismo por agregación: lo que vale la pena conservar —el Estado-nación, la familia, el orden jurídico heredado, la cultura local, la propiedad privada— no es un programa ideológico sino el depósito de soluciones acumuladas a problemas perennes de coordinación social. Frente al socialismo (que confía en la razón planificadora) y al libertarismo (que confía en el individuo soberano), el conservador confía en la sabiduría contenida en las instituciones y tradiciones que nadie diseñó deliberadamente. Scruton incorpora y sintetiza a Burke, Oakeshott, Hayek y Wittgenstein para articular una posición que es al mismo tiempo filosóficamente sofisticada y políticamente aterrizada.
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