Marsilio de Padua. El texto político más radical del siglo XIV: la fuente de toda ley y legitimidad es el universitas civium (la totalidad de los ciudadanos o su parte preponderante), no el Papa ni el emperador. El clero no tiene potestad coercitiva alguna: la Iglesia es una institución espiritual subordinada al poder civil en materias temporales. Anticipa el parlamentarismo, la separación de poderes, la soberanía popular y la laicización del Estado con trescientos años de antelación.
Marsilio de Padua
Red de obras
Fue influenciado por
Marsilio radicaliza el aristotelismo político: si la comunidad es el origen del poder según Aristóteles, entonces la ley solo puede provenir del pueblo, no del príncipe ni del Papa.
Influyó en
La crítica marsiliana del poder eclesiástico y la autonomía del poder civil anticipan la radical separación maquiavélica entre razón de Estado y moral religiosa. Florencia era uno de los focos de difusión del marsilianismo.
Cusa conocía el Defensor Pacis y comparte con Marsilio la idea de que la unidad política no requiere uniformidad religiosa; pero donde Marsilio subordina la Iglesia al Estado, Cusa busca la paz mediante la concordia teológica.
La doctrina marsiliana de la soberanía del universitas civium como fuente del poder político es el antecedente directo de la teoría althusiana del pacto constituyente: la soberanía es inalienable e indelegable, solo se administra.
La teoría miltoniana del Gran Consejo como soberano perpetuo que no puede ceder la soberanía a un monarca recoge la doctrina marsiliana de la soberanía popular inalienable, mediada a través del republicanismo parlamentario inglés.
La doctrina marsiliana de la soberanía popular como fuente del poder político —el gobernante es un delegado revocable de la communitas— subyace a la teoría de Mariana: el pueblo que otorgó el poder puede retirarlo cuando el rey traiciona su mandato.
Responde a
El Defensor de la Paz es una respuesta directa al tomismo político: Marsilio niega que el Papa tenga potestad coercitiva alguna e invierte la jerarquía tomista entre poder espiritual y temporal.