Coexistencia de sectores privados y públicos con delimitación de ámbitos de actuación.
Eduard Bernstein. Fundamento teórico del socialismo democrático: revisión crítica del determinismo económico marxista, defensa del parlamentarismo y el reformismo gradual frente a la revolución, y propuesta de una transición pacífica hacia el socialismo mediante conquista democrática del Estado.
John Maynard Keynes. Ensayo que anuncia la crisis del liberalismo económico ortodoxo: el laissez-faire no se desprende lógicamente de la teoría económica ni de la filosofía liberal; el mercado falla sistemáticamente en el ahorro, la inversión y el empleo; el siglo XX exige un capitalismo reformado con intervención estatal inteligente.
Thomas Piketty. El libro de economía política más citado del siglo XXI: tres siglos de datos sobre riqueza e ingresos en Europa y América del Norte documentan una ley empírica del capitalismo —r > g, la rentabilidad del capital supera sistemáticamente el crecimiento económico— que tiende a concentrar la riqueza en pocas manos salvo en períodos excepcionales (guerras, grandes depresiones, políticas redistributivas del siglo XX). Piketty argumenta que la reducción de la desigualdad en el siglo XX no fue el resultado natural del capitalismo sino de políticas deliberadas y de shocks históricos; sin intervención, la tendencia natural es hacia la oligarquía patrimonial del siglo XIX. La propuesta: un impuesto global progresivo sobre el capital para romper la dinámica r > g. La obra reencuadró el debate político-económico global en torno a la desigualdad y legitimó académicamente la preocupación redistributiva que el consenso neoliberal había marginado durante treinta años.
Henri de Saint-Simon (obra póstuma; escrita en sus últimos meses y publicada el año de su muerte). La culminación del proyecto saint-simoniano: la reorganización de la sociedad moderna bajo el principio cristiano de la fraternidad, pero aplicado por industriales, científicos y artistas en lugar de por el clero. Saint-Simon propone abolir las clases ociosas —nobleza, clero, rentistas— y organizar la producción bajo la dirección técnica de los «industriales» (todos los que producen). El «nuevo catecismo político» es el primer intento sistemático de fundar una política secular en principios morales universales derivados de la ciencia social, no de la revelación. Escohotado lo analiza como el eslabón decisivo entre el utopismo de Moro y el socialismo científico de Marx: Saint-Simon secularizó el igualitarismo cristiano y le dio forma tecnocrática; Marx tomó la crítica de las clases parasitarias y el ideal de la sociedad planificada, y los fundó en el análisis económico en lugar de en la moral religiosa. La influencia fue directa: Marx leyó a Saint-Simon, Bernstein lo cita, y el modelo del Estado planificador del siglo XX es en parte herencia del saint-simonismo.