Friedrich Hayek. Síntesis filosófica y política del liberalismo hayekiano: distinción entre libertad (ausencia de coacción) y libertades positivas (capacidades que el Estado provee); defensa del Estado de Derecho como única garantía de la libertad negativa; crítica del constructivismo racionalista que cree poder diseñar el orden social desde arriba. Hayek acepta aquí un papel redistributivo mínimo del Estado —garantía de ingresos básicos— que lo separa de Rothbard y el anarcocapitalismo, aunque lo reafirma como excepción, no como principio.
Friedrich Hayek
Red de obras
Fue influenciado por
Los Fundamentos es la continuación filosófica positiva de la crítica negativa de Camino de Servidumbre: si en 1944 Hayek explicó por qué la planificación destruye la libertad, en 1960 construye el andamiaje constitucional y filosófico de una sociedad libre.
Hayek comparte con Mises la crítica epistemológica al socialismo y toma su argumento del conocimiento disperso; pero en Los Fundamentos lo reencuadra en un liberalismo político más matizado que el minarquismo estricto de Mises.
Hayek reconoció explícitamente a Burke como precursor de su crítica al constructivismo racionalista: la sabiduría acumulada en las instituciones y tradiciones que Burke defiende es análoga al conocimiento disperso en los precios que Hayek teorizará; ningún planificador puede reproducirla.
Influyó en
Hayek y Berlin comparten el marco básico: la libertad es negativa (ausencia de coerción) y la planificación la destruye. Berlin amplía el argumento filosófico de Hayek hacia una teoría de los valores plurales que no tienen solución única.
Nozick comparte con Hayek la crítica al constructivismo distributivo —ningún principio de distribución pautada puede mantenerse sin interferencia continua en las libertades— pero concluye más radicalmente: el Estado redistributivo es ilegítimo, no meramente ineficiente.
Recibe respuesta de
Rawls responde directamente a Hayek: acepta que la libertad es prioritaria, pero argumenta que la teoría hayekiana de la justicia como proceso —lo que resulta de transacciones libres es justo sea cual sea el resultado— ignora que la distribución inicial de capacidades y oportunidades es moralmente arbitraria.