La moral se centra en el carácter del agente; lo correcto es lo que haría una persona virtuosa que busca el florecimiento humano.
Attribute
Aristóteles. El tratado de ética más influyente de la historia occidental: la eudaimonia (florecimiento humano, vida buena) como el fin último al que todas las acciones se orientan. La virtud como hábito adquirido por práctica, situado en el término medio entre dos extremos viciosos: la valentía entre la cobardía y la temeridad, la generosidad entre la avaricia y el derroche. La prudencia (phronesis) como la virtud intelectual que dirige la acción moral concreta hacia el bien en cada situación particular. La amistad (philia) como condición de la vida política plena; la felicidad del individuo y la de la polis son inseparables. La ética aristotélica no pregunta qué reglas debemos seguir sino qué tipo de persona debemos llegar a ser; es la fundación de la tradición de la ética de la virtud que Tomás de Aquino asimilará al cristianismo medieval y MacIntyre propondrá rehabilitar en el siglo XX frente al fracaso de los proyectos éticos modernos.
Friedrich Nietzsche. Tres tratados que proponen la genealogía —historia natural de los valores— como método filosófico: en lugar de preguntar qué es el bien, preguntar quién lo inventó y en qué condiciones de fuerza o debilidad. Primer tratado: la distinción entre moral de señores (bueno/malo como expresión de fuerza y nobleza) y moral de esclavos (bien/mal como ressentiment de los débiles que invierten los valores del fuerte para sobrevivir). Segundo tratado: el origen de la conciencia moral en la cruncia, el castigo y la interiorización de la deuda. Tercer tratado: los ideales ascéticos —humildad, castidad, pobreza— como voluntad de nada disfrazada de voluntad de verdad; la ciencia moderna como el último disfraz del ideal ascético. Nietzsche no propone una nueva moral sino la transvaloración de todos los valores: el retorno a la afirmación de la vida. Influencia decisiva en Weber (el «desencantamiento del mundo» como pérdida del sentido), en Gramsci (hegemonía cultural como producción de valores), en Arendt (el nihilismo como condición del totalitarismo) y en Rand (que lo reconoce y rechaza su aristocratismo).
Alasdair MacIntyre. La crítica más influyente del liberalismo moral moderno: el proyecto ilustrado de fundar la ética en la razón universal fracasó, y su fracaso explica el carácter interminable de los debates morales contemporáneos —cada parte tiene razones válidas desde sus premisas, pero no hay criterio racional compartido para resolver los conflictos entre premisas. El diagnóstico: tras la Ilustración, hemos conservado los fragmentos del vocabulario moral aristotélico (virtud, deber, bien) pero los hemos arrancado del contexto —las prácticas, las tradiciones, la teleología— que les daba sentido. La única salida es el retorno a Aristóteles: las virtudes como disposiciones que permiten alcanzar los bienes internos a las prácticas; la vida humana como narrativa unificada con un telos. MacIntyre no es un conservador nostálgico: su propuesta es que las comunidades locales sean los nuevos «monasterios» donde se preservan las tradiciones intelectuales y morales mientras la cultura circundante —liberal, emotivista— se desintegra.
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