Todo conocimiento deriva en última instancia de la experiencia sensible; no hay ideas innatas ni verdades a priori sustantivas.
Atributos
David Hume. Veintisiete ensayos publicados en dos volúmenes (1741-1742) que establecen las bases de la filosofía política empírica moderna. Hume refuta el contractualismo de Locke: el deber de obediencia al gobierno no se funda en ningún contrato original —del que no hay evidencia histórica— sino en el hábito y la utilidad social. Los partidos como degeneración de principios; el equilibrio de poder europeo; el comercio como fuente de civilización y libertad; el refinamiento del gusto como condición de la virtud cívica. Hume y Adam Smith —su amigo íntimo y correspondiente durante décadas— se formaron juntos en la Ilustración escocesa; los Ensayos son la fuente directa de la economía política smithiana y modelaron el empirismo político que Burke elaborará con más énfasis histórico.
Thomas S. Kuhn. El libro académico más citado del siglo XX en todas las disciplinas: los paradigmas como marcos de práctica científica compartida —teoría, instrumentación, valores y resolución de enigmas estándar— dentro de los cuales opera la «ciencia normal». La ciencia no avanza acumulativamente ni por falsación sistemática, como pretendía Popper, sino mediante crisis: cuando los enigmas que el paradigma no puede resolver se acumulan, se produce una revolución científica que sustituye el paradigma anterior en lugar de extenderlo. La tesis de la inconmensurabilidad: los paradigmas rivales no comparten un vocabulario neutral común que permita compararlos con plena objetividad; la conversión de la física newtoniana a la relatividad no es solo un cambio de teoría sino un cambio del mundo perceptivo del científico. Este argumento tiene consecuencias que trascienden la ciencia: si los grandes marcos intelectuales son inconmensurables, el debate entre tradiciones rivales no puede resolverse puramente por la lógica y la evidencia, y los factores sociológicos e históricos son constitutivos del cambio teórico.
Paul Feyerabend. La crítica más radical al racionalismo científico: no existe ningún método científico universal cuya aplicación distinga la ciencia de la no-ciencia o garantice el progreso del conocimiento. El examen histórico demuestra que todos los principios metodológicos propuestos —incluyendo la falsación de Popper y los cambios de paradigma de Kuhn— han sido violados en los episodios más importantes del avance científico real: Galileo no falsó la astronomía ptolemaica según los cánones de su tiempo; la teoría copernicana era inicialmente peor que la ptolemaica en casi todos los criterios empíricos disponibles. La conclusión epistemológica: «anything goes» —solo la proliferación sin restricciones de teorías e interpretaciones alternativas hace justicia a la historia real de la ciencia. La implicación política: si la ciencia no tiene un método privilegiado que la separe de otras formas de conocimiento, el Estado no debería financiarla de manera preferente ni usarla como árbitro único de debates sociales. Cierra el triángulo Popper-Kuhn-Feyerabend que estructura el debate moderno sobre la racionalidad científica.
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