Los medios de producción son compartidos y gestionados por la comunidad sin mediación estatal.
Pierre-Joseph Proudhon. Primera obra en autodefinirse anarquista: «La propiedad es un robo». Critica tanto la propiedad capitalista como el comunismo autoritario de Estado; propone el mutualismo como alternativa basada en la reciprocidad.
Piotr Kropotkin. Programa anarcocomunista: abolición del salario, organización en comunas federadas autogestionadas y distribución según necesidad. La revolución como acto colectivo de expropiación de la riqueza acumulada.
Piotr Kropotkin. Contra el darwinismo social: la cooperación y el apoyo mutuo —no la competencia— han sido el principal motor evolutivo de las especies animales y el fundamento de la cohesión de las sociedades humanas.
Robert Owen. Fundamento del socialismo utópico y el cooperativismo: el carácter humano es producto del entorno social y educativo; reformar las condiciones materiales produce seres humanos racionales, cooperativos y virtuosos. Propone fábricas modelo con educación universal, vivienda digna y jornadas reducidas —demostrado en New Lanark— como prueba de que la rentabilidad y el bienestar obrero son compatibles. Texto fundacional de la idea de que la transformación social no requiere revolución sino diseño inteligente del entorno comunitario.
Robert Owen. Propuesta concreta de los «Villages of Cooperation»: comunidades autosuficientes de 500 a 3.000 personas que combinan agricultura e industria, propiedad colectiva de los medios productivos, educación universal y distribución de los frutos del trabajo. Primera articulación sistemática del cooperativismo como alternativa tanto al capitalismo de fábrica como a la caridad privada. Owen calcula costes de fundación y estima productividad superior a las parroquias de pobres, convirtiendo la propuesta en un argumento económico, no solo moral.
Tomás Moro. Primera utopía política moderna: la isla imaginaria de Utopía donde no existe la propiedad privada, los ciudadanos trabajan seis horas diarias y el gobierno es republicano-electivo. Crítica velada del capitalismo emergente inglés —los enclosures que expulsan a los campesinos— y de la acumulación de tierras por la nobleza. Texto fundacional del socialismo utópico: influirá directamente en Owen, Saint-Simon y toda la tradición de las comunidades experimentales del siglo XIX.
Jean-Jacques Rousseau. El hombre natural es bueno; la sociedad y especialmente la propiedad privada son el origen de toda desigualdad, corrupción moral y dominación política. «El primero que, habiendo cercado un terreno, se le ocurrió decir: Esto es mío, y encontró gentes bastante simples para creerle, fue el verdadero fundador de la sociedad civil.» Texto más radical que el Contrato Social; influencia directa en Proudhon, Marx y el anarquismo. Precede al Contrato de 1762 y funda filosóficamente su programa.
David Graeber. El libro anarquista más influyente del siglo XXI: una historia de la humanidad a través del prisma de la deuda que dinamita los fundamentos ideológicos del capitalismo moderno. Graeber desmonta el «mito del trueque» que inaugura todos los manuales de economía —Adam Smith incluido—: no hay ninguna evidencia etnográfica o arqueológica de sociedades que funcionaran mediante trueque generalizado antes de la aparición del dinero; lo que precede históricamente al dinero no es el trueque sino sistemas complejos de crédito, obligación y reciprocidad. El dinero y los mercados son construcciones políticas, no emergencias espontáneas del intercambio voluntario. La deuda como instrumento de dominación: las deudas impagables —desde los griegos esclavizados por sus acreedores hasta la deuda soberana del Tercer Mundo— han sido históricamente el mecanismo de reducción a servidumbre más eficaz. La conclusión anarquista: las «deudas» son convenciones morales que pueden cancelarse, no hechos naturales que deben obedecerse.
Tommaso Campanella (escrita c.1602 en prisión; publicada en latín en 1623). La segunda gran utopía renacentista, gemela e independiente de la Utopía de Moro. Una ciudad-estado circular gobernada por un Metafísico-sacerdote auxiliado por Poder, Sabiduría y Amor, donde no existe la propiedad privada ni la familia: las mujeres y los hijos son comunes, el trabajo se reparte equitativamente y los bienes se distribuyen según la necesidad. Campanella fundamenta el comunismo en la naturaleza y en la razón, no en el Evangelio: la propiedad privada es el origen del egoísmo, la guerra y la decadencia moral; la comunidad de bienes produce hombres libres, sabios y virtuosos. A diferencia de Moro, Campanella no la presenta como ficción literaria sino como programa filosófico derivado de la ley natural y realizable. Escohotado la analiza en el vol. I como el puente entre el neoplatonismo renacentista y el socialismo ilustrado: su influencia sobre Saint-Simon y Fourier es directa; su gobernante-filósofo es el Platón del siglo XVII trasplantado a la política europea moderna.
Friedrich Engels. La aplicación del materialismo histórico a la prehistoria y la antropología: basándose en los estudios del etnólogo Lewis Henry Morgan sobre las sociedades iroquesas, Engels reconstruye la evolución de la familia —de la promiscuidad primitiva al matrimonio monógamo— como la historia paralela del origen de la propiedad privada y del Estado. La tesis central: la familia patriarcal monógama no es natural sino una institución histórica surgida para garantizar la transmisión de la propiedad privada de padres a hijos legítimos; el Estado surge simultáneamente como instrumento de la clase propietaria para proteger ese orden. La «derrota histórica mundial del sexo femenino»: el paso del matriarcado al patriarcado es el momento en que la mujer queda subordinada al hombre propietario. La conclusión revolucionaria: así como el Estado y la propiedad privada tienen origen histórico, tienen también un fin histórico; el comunismo restituirá la comunidad original de bienes y con ella la igualdad entre sexos. Escohotado lo analiza en el vol. II como la versión marxista de la genealogía que Fourier y Saint-Simon habían formulado moralmente: Engels la dota de aparato antropológico y científico, haciendo de la abolición de la propiedad privada una necesidad histórica y no solo un imperativo moral.
Charles Fourier. El programa más elaborado del socialismo utópico premarxista: la sociedad debe reorganizarse en «falansterias» —comunidades de 1.620 personas que combinan trabajo, placer y vida comunitaria— basadas en la armonía de las pasiones humanas, no en su represión. Fourier invierte la moral burguesa: las pasiones —incluidas las sexuales— no son fuentes de desorden sino energías que, correctamente combinadas, producen el trabajo atractivo y la armonía social. La «civilización» capitalista es esencialmente represora: somete las pasiones al beneficio mercantil y produce miseria entre la abundancia. La crítica al libre comercio y a la economía política de Smith y Ricardo es sistemática: la mano invisible no produce armonía sino caos comercial, adulteración de mercancías y miseria de los trabajadores. Fourier es también el primer utopista que tematizó explícitamente la emancipación de la mujer y el cuestionamiento de la familia patriarcal como condición de la armonía social. La descripción de las falansterias es simultáneamente utopía y crítica implícita a la teoría del valor-trabajo: si el trabajo puede ser atractivo, la miseria no es necesaria.