Carl Schmitt. La distinción amigo/enemigo como el criterio específico de lo político: mientras la ética se estructura en bien/mal y la economía en rentable/no rentable, lo político se define por la intensidad del antagonismo entre colectividades. Esta distinción no es una metáfora: designa el grado extremo de unión o de separación que hace posible la guerra como posibilidad real. La soberanía reside en quien decide el estado de excepción —la situación en que el orden jurídico normal queda suspendido— y es por tanto extrajurídica en su fundamento. El liberalismo, que disuelve lo político en economía y en ética, niega el conflicto irreductible entre colectividades; para Schmitt esta negación no lo elimina sino que lo hace más difuso y más peligroso, porque desaparece quien tiene la autoridad de decidir sobre él. Texto de influencia paradójica: el autoritarismo que Schmitt defendió fue absorbido y reelaborado por la izquierda posmarxista (Mouffe, Laclau) como teoría del antagonismo democrático.
Carl Schmitt
Red de obras
Fue influenciado por
Schmitt considera a Hobbes el único pensador que ha visto lo político en toda su crudeza: el soberano del Leviatán —que crea el orden por decisión, no por derivación racional— es el precedente directo del soberano schmittiano que decide el estado de excepción. La diferencia: Hobbes naturaliza la obediencia al soberano por el miedo a la muerte; Schmitt politiza la decisión por la distinción amigo/enemigo.
Schmitt conocía y citaba a Mosca: la teoría de la clase política como minoría que decide es el trasfondo sociológico de la teoría schmittiana de la soberanía. Donde Mosca describe sociológicamente el hecho del gobierno minoritario, Schmitt lo eleva a principio político: quien decide es soberano precisamente porque ningún procedimiento legal puede predeterminar todas las situaciones excepcionales.
Responde a
La Paz Perpetua de Kant es el blanco explícito de Schmitt: el proyecto cosmopolita kantiano —federación de repúblicas, hospitalidad universal, derecho cosmopolita— es el sueño liberal de eliminar lo político reduciéndolo a derecho y economía. Para Schmitt, esto no produce paz sino la peor forma de guerra: la guerra que no reconoce al enemigo como tal y lo convierte en criminal que debe ser exterminado.