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Falsacionismo

Una teoría es científica si y solo si es falsable; la ciencia avanza eliminando hipótesis refutadas por la experiencia, no acumulando confirmaciones.

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Atributos

  1. I
    La falsabilidad como criterio de cientificidad
    Una teoría tiene carácter científico si y solo si especifica condiciones bajo las cuales sería refutada. Una teoría que no puede ser refutada por ningún estado de cosas posible no dice nada sobre el mundo: es metafísica o pseudociencia.
  2. II
    El progreso científico como eliminación de errores
    La ciencia no acumula verdades confirmadas: elimina teorías falsas. El objetivo no es probar que una teoría es verdadera —eso es imposible— sino intentar falsarla y, si resiste los intentos, mantenerla provisionalmente. La ciencia avanza por ensayo y error sistemático.
  3. III
    Asimetría entre verificación y falsación
    Mil observaciones conformes no prueban una hipótesis universal; una sola observación contraria la refuta. Esta asimetría lógica es constitutiva del método científico y explica por qué la ciencia puede progresar incluso sin certezas.
La sociedad abierta y sus enemigos1945

Karl Popper (escrito durante la guerra en Nueva Zelanda, publicado en 1945). En dos volúmenes, Popper traza la genealogía intelectual del totalitarismo: vol. I, Platón como el primer enemigo de la sociedad abierta, que quiso detener el «flujo» histórico con un Estado ideal inmutable gobernado por filósofos-reyes; vol. II, Hegel y Marx, que introdujeron el historicismo —la creencia de que la historia tiene un destino necesario cognoscible— como legitimación del totalitarismo político. La alternativa de Popper es la «ingeniería social fragmentaria»: reforma gradual, reversible y sujeta a crítica, en lugar de la utopía irreversible. Aplicación de su falsacionismo a la política: las instituciones, como las teorías, deben poder ser criticadas y corregidas sin destruir el sistema entero.

La Estructura de las Revoluciones Científicas1962

Thomas S. Kuhn. El libro académico más citado del siglo XX en todas las disciplinas: los paradigmas como marcos de práctica científica compartida —teoría, instrumentación, valores y resolución de enigmas estándar— dentro de los cuales opera la «ciencia normal». La ciencia no avanza acumulativamente ni por falsación sistemática, como pretendía Popper, sino mediante crisis: cuando los enigmas que el paradigma no puede resolver se acumulan, se produce una revolución científica que sustituye el paradigma anterior en lugar de extenderlo. La tesis de la inconmensurabilidad: los paradigmas rivales no comparten un vocabulario neutral común que permita compararlos con plena objetividad; la conversión de la física newtoniana a la relatividad no es solo un cambio de teoría sino un cambio del mundo perceptivo del científico. Este argumento tiene consecuencias que trascienden la ciencia: si los grandes marcos intelectuales son inconmensurables, el debate entre tradiciones rivales no puede resolverse puramente por la lógica y la evidencia, y los factores sociológicos e históricos son constitutivos del cambio teórico.

Contra el Método1975

Paul Feyerabend. La crítica más radical al racionalismo científico: no existe ningún método científico universal cuya aplicación distinga la ciencia de la no-ciencia o garantice el progreso del conocimiento. El examen histórico demuestra que todos los principios metodológicos propuestos —incluyendo la falsación de Popper y los cambios de paradigma de Kuhn— han sido violados en los episodios más importantes del avance científico real: Galileo no falsó la astronomía ptolemaica según los cánones de su tiempo; la teoría copernicana era inicialmente peor que la ptolemaica en casi todos los criterios empíricos disponibles. La conclusión epistemológica: «anything goes» —solo la proliferación sin restricciones de teorías e interpretaciones alternativas hace justicia a la historia real de la ciencia. La implicación política: si la ciencia no tiene un método privilegiado que la separe de otras formas de conocimiento, el Estado no debería financiarla de manera preferente ni usarla como árbitro único de debates sociales. Cierra el triángulo Popper-Kuhn-Feyerabend que estructura el debate moderno sobre la racionalidad científica.

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