Lo que el ser humano es depende de las condiciones históricas, culturales y sociales que lo producen; no hay esencia fija ni transhistórica.
Atributos
Friedrich Engels. La aplicación del materialismo histórico a la prehistoria y la antropología: basándose en los estudios del etnólogo Lewis Henry Morgan sobre las sociedades iroquesas, Engels reconstruye la evolución de la familia —de la promiscuidad primitiva al matrimonio monógamo— como la historia paralela del origen de la propiedad privada y del Estado. La tesis central: la familia patriarcal monógama no es natural sino una institución histórica surgida para garantizar la transmisión de la propiedad privada de padres a hijos legítimos; el Estado surge simultáneamente como instrumento de la clase propietaria para proteger ese orden. La «derrota histórica mundial del sexo femenino»: el paso del matriarcado al patriarcado es el momento en que la mujer queda subordinada al hombre propietario. La conclusión revolucionaria: así como el Estado y la propiedad privada tienen origen histórico, tienen también un fin histórico; el comunismo restituirá la comunidad original de bienes y con ella la igualdad entre sexos. Escohotado lo analiza en el vol. II como la versión marxista de la genealogía que Fourier y Saint-Simon habían formulado moralmente: Engels la dota de aparato antropológico y científico, haciendo de la abolición de la propiedad privada una necesidad histórica y no solo un imperativo moral.
Simone de Beauvoir. El texto fundacional del feminismo filosófico moderno: «No se nace mujer: llega una a serlo.» Beauvoir aplica el método existencialista al análisis de la condición femenina: la mujer no es el Otro absoluto por naturaleza biológica sino porque las estructuras históricas, jurídicas y culturales la han construido como tal. El cuerpo femenino no determina el destino; el destino es una imposición social que la libertad radical de la conciencia permite interrogar y rechazar. La obra combina análisis biológico, histórico, psicoanalítico y literario de la «situación» de la mujer en el mundo occidental: la infancia, la iniciación sexual, el matrimonio, la maternidad y la vejez como estaciones de una opresión que el libro nombra y desnaturaliza. La tesis sobre la construcción social del género adelantó medio siglo el debate filosófico, anticipando a Butler y el feminismo de la tercera ola. Beauvoir responde críticamente a Rousseau —cuya Sophie es el modelo de la feminidad construida al servicio del ciudadano masculino— y enlaza con Wollstonecraft en la reivindicación de la plena ciudadanía racional de la mujer.