Los juicios morales son verdaderos o falsos solo relativamente a un marco cultural o individual; no hay moralidad universal.
Atributos
Friedrich Nietzsche. Tres tratados que proponen la genealogía —historia natural de los valores— como método filosófico: en lugar de preguntar qué es el bien, preguntar quién lo inventó y en qué condiciones de fuerza o debilidad. Primer tratado: la distinción entre moral de señores (bueno/malo como expresión de fuerza y nobleza) y moral de esclavos (bien/mal como ressentiment de los débiles que invierten los valores del fuerte para sobrevivir). Segundo tratado: el origen de la conciencia moral en la cruncia, el castigo y la interiorización de la deuda. Tercer tratado: los ideales ascéticos —humildad, castidad, pobreza— como voluntad de nada disfrazada de voluntad de verdad; la ciencia moderna como el último disfraz del ideal ascético. Nietzsche no propone una nueva moral sino la transvaloración de todos los valores: el retorno a la afirmación de la vida. Influencia decisiva en Weber (el «desencantamiento del mundo» como pérdida del sentido), en Gramsci (hegemonía cultural como producción de valores), en Arendt (el nihilismo como condición del totalitarismo) y en Rand (que lo reconoce y rechaza su aristocratismo).
Max Horkheimer y Theodor W. Adorno. La obra que somete el proyecto ilustrado a su propia crítica: la razón que prometió emancipar a la humanidad de la superstición ha producido nuevas formas de dominación —el capitalismo, el fascismo, la industria cultural— que son más eficaces que la dominación mítica porque se presentan como racionales. La tesis central: la razón ilustrada es razón instrumental, orientada al dominio de la naturaleza y de los otros seres humanos; en cuanto se absolutiza el dominio, la ilustración regresa al mito que pretendía superar. El análisis de la industria cultural: los medios de masas no son el producto de la demanda popular sino de una producción estandarizada que anula la autonomía del receptor y lo integra en el sistema. El capítulo sobre el antisemitismo: el nazismo no es una irrupción de la barbarie en la civilización sino un producto de la propia lógica civilizatoria de dominio llevada a su extremo. Escrita en el exilio californiano a la vista del nazismo europeo y del capitalismo estadounidense, la obra inauguró el programa de la teoría crítica: una racionalidad que incluye la reflexión sobre sus propias condiciones y limitaciones.
Paul Feyerabend. La crítica más radical al racionalismo científico: no existe ningún método científico universal cuya aplicación distinga la ciencia de la no-ciencia o garantice el progreso del conocimiento. El examen histórico demuestra que todos los principios metodológicos propuestos —incluyendo la falsación de Popper y los cambios de paradigma de Kuhn— han sido violados en los episodios más importantes del avance científico real: Galileo no falsó la astronomía ptolemaica según los cánones de su tiempo; la teoría copernicana era inicialmente peor que la ptolemaica en casi todos los criterios empíricos disponibles. La conclusión epistemológica: «anything goes» —solo la proliferación sin restricciones de teorías e interpretaciones alternativas hace justicia a la historia real de la ciencia. La implicación política: si la ciencia no tiene un método privilegiado que la separe de otras formas de conocimiento, el Estado no debería financiarla de manera preferente ni usarla como árbitro único de debates sociales. Cierra el triángulo Popper-Kuhn-Feyerabend que estructura el debate moderno sobre la racionalidad científica.
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